Para muchos, el vino de Ucrania será toda una novedad. Sin embargo, este país europeo tiene más de 2.800 años de historia vinícola. El pasado vinícola, que la ocupación soviética trató de borrar, finalmente está recuperando la visibilidad, impulsado por enólogos que van mas allá de los límites de lo que parece posible, especialmente en medio de la guerra.
En este artículo, la comunicadora de vinos ucraniana Natalia Pasichnyk explora el pasado de la viticultura en del país, los desafíos que ha enfrentado y los productores que están dando forma a su futuro.
Vino desde antes de los griegos
Hasta hace poco, la historia del vino ucraniano era poco conocida, incluso por los propios ucranianos. La propaganda soviética suprimió cualquier mención a aquellas comunidades locales que tenían cultura ancestral de elaboración de vino. Contrariamente a la creencia generalizada de que los griegos trajeron el vino al territorio de la Ucrania moderna en los siglos VII y VI a. C., los descubrimientos arqueológicos muestran que las uvas cultivadas por los griegos se conocían desde antes de su llegada. En la segunda mitad del siglo VII a. C., los «Escitas» en la parte occidental del país (en la actual región de Ternopil) usaban filtros de bronce para filtrar el vino. Más al oeste, en las excavaciones celtas de Zakarpattia, se descubrieron cuchillos de hierro que eran utilizados para podar vides.
Después de la caída de las antiguas civilizaciones, los monasterios se convirtieron en centros de consumo y conocimiento del vino. Entre los siglos VII y X, el vino se comercializaba en ánforas y pieles de cuero en las regiones orientales de Ucrania (alrededor de la actual Kharkiv). Desde la Edad Media hasta principios del siglo XX, la elaboración del vino ucraniano pasó de los jardines del monasterio y las bodegas de los nobles, al reconocimiento internacional.
Los líderes cosacos, Ivan Mazepa y Kyrylo Rozumovsky, desarrollaron activamente sus propios viñedos y bodegas. Y no se trataba de una materia exclusivamente masculina, documentos del siglo XIX mencionan con frecuencia a mujeres enólogas que poseían propiedades vinícolas en la península de Crimea.
En la Exposición de París en 1900, un Riesling de la región de Kherson producido por la bodega Prince Trubetskoi ganó el Gran Premio. Esta bodega operaría durante más de 120 años, antes de ser ocupada, saqueada y finalmente destruida por las tropas rusas durante la invasión de Ucrania en 2022.
Cosecha de Muscaris en los viñedos de Demidi en la región de Kiev
El impacto de la era soviética en los viñedos ucranianos
El periodo de guerras y dictaduras tuvo un impacto devastador en la elaboración del vino. En 1921, todas las existencias de vino y bodegas de Ucrania fueron declaradas propiedad estatal. La introducción de un «impuesto sobre árboles y arbustos» obligó a muchos campesinos a cortar sus propios viñedos.
Ucrania se convirtió en el principal proveedor de vino de la Unión Soviética, y la política industrial se centró en la cantidad más que en la calidad. Para enmascarar los defectos en el vino que se deterioraban durante el transporte, a menudo se añadían azúcar y alcohol. Como resultado, se calcula que en aquella época, el 96 % de la producción eran vinos de baja calidad.
La campaña soviética contra el alcohol de 1985 casi destruye la industria. Se arrancó un gran número de viñas en toda Ucrania y los científicos no estaban autorizados para investigar y preservar variedades únicas. Hasta el extremo, por ej, del Dr. Pavlo Holodryha, que de sarrollómás de 40 variedades de uva y que, incapaz de soportar la destrucción de la obra de su vida, se quitó la vida. Paradójicamente, mientras los viñedos se destruían dentro del país, la experiencia científica ucraniana recibió el mayor reconocimiento internacional: en 1988, el Dr. Mykola Pavlenko fue elegido presidente de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).
Cómo los ucranianos comienzan a recuperar su historia
Después de que Ucrania se independizara en 1991, la recuperación de viñedos y producción se vio inicialmente ralentizada por una legislación obsoleta. La confianza en los vinos locales comenzó a crecer a medida que las lagunas en la historia del vino del país comenzaron a llenarse gradualmente.
La narrativa oficial soviética afirmaba que los ucranianos no tenían tradición de elaboración del vino. La investigación moderna refuta esa idea, un ejemplo de ellos es el libro «29 Centuries: Rediscovered History of Wine in Ukraine» de Anna Eugenia Yanchenko, que recibió un premio OIV en 2024. Dice Yanchenko. «La gente ahora a menudo me dice: nuestra bisabuela decía que el vino se hacía en nuestra zona, pero nadie le creyó. Luego fuimos a los archivos, y resultó ser cierto. La gente está empezando a investigar y reclamar su pasado». Yanchenko analizó más de 800 fuentes históricas mientras trabajaba en el libro.
Enología en tiempos de guerra
Un punto de inflexión llegó en 2018 con la abolición de costosas licencias a los pequeños productores y el desarrollo de leyes que apoyaban los vinos autóctonos. El número de bodegas creció significativamente, y comenzó el proceso de registro de Indicaciones Geográficas (IG). Pero en 2022, Rusia lanzó su invasión a gran escala, como continuación a la anexión de Crimea en 2014, una región clave y que, en su momento, representó casi un tercio de los viñedos de Ucrania.
La industria continuó operando a pesar de la guerra. Los viticultores hicieron la poda de invierno, literalmente, bajo las trayectorias de los misiles y drones. Las bodegas de la región de Kherson fueron ocupadas y saqueadas, se minaron cientos de hectáreas de viñedos y se destruyeron vinos, botellas y bodegas, así como los depósitos de almacenamiento de vino más grandes del país, de unos 100.000 metros cuadrados. Muchos enólogos y sumilleres se unieron a las líneas del frente. Las bodegas se utilizaron como refugios civiles contra bombas. Las bodegas en Zakarpattia acogieron a decenas de miles de personas desplazadas y a colegas de las regiones directamente afectadas por el conflicto.
La guerra está actualmente en su quinto año, y los desafíos se han convertido en una realidad diaria. Productores como Beykush, en la región de Mykolaiv, continúan operando a sólo unos kilómetros de la línea del frente de guerra. En todo el país, la industria se enfrenta a bombardeos persistentes, deterioro de las infraestructuras energéticas, apagones y el obstáculo logístico de los puestos de control militares.
A pesar de estas severas condiciones, el trabajo nunca se ha detenido. En 2022, los vinos ucranianos ganaron un lugar permanente en La Cité du Vin en Burdeos y ganaron el oro en los Decanter World Wine Awards. Hoy en día y a pesar de todo, el sector sigue creciendo, con la apertura de nuevas bodegas a pequeña escala y vinos ucranianos llegando a más mercados internacionales que nunca.
Cosecha de Muscaris en los viñedos Demidi en la región de Kiev
Diversidad regional y principales variedades
Ucrania cuenta con 15.000 hectáreas de viñedos aproximadamente (excluyendo los territorios ocupados temporalmente). El clima es en gran parte continental, moderado en el oeste por las montañas de los Cárpatos e influenciado por el Mar Negro en el sur y por numerosos ríos y lagos en todo el país. Una amplia gama de microclimas, paisajes y suelos, incluyendo arcilla, piedra caliza y las famosas tierras negras ricas en humus «Chornozem«, permite un cultivo diverso.
En la zona vitivinícola más grande del sur, cerca del Mar Negro, las plantaciones mas comunes incluyen Aligoté, Cabernet Sauvignon, Saperavi y Rkatsiteli. Aquí es también donde la variedad piamontesa Timorasso tuvo su primera cosecha exitosa fuera de Italia. En el oeste, alrededor de los Cárpatos, se plantan viñedos en suelos volcánicos con variedades como las Pinot, Zweigelt, Traminer, Furmint, Leánka y Bakator. En las regiones del norte, los productores trabajan con variedades de Riesling, Cabernet Franc y las PIWI (nuevos cruces varietales). Chardonnay, Merlot y Sauvignon Blanc se cultivan en muchas partes del país. Las variedades de Moscatel también están mostrando resultados prometedores, particularmente Muscat Ottonel, que ganó una medalla de platino en los Decanter World Wine Awards en 2023 por un vino producido por la bodega Shabo en la región de Odesa.
Desafortunadamente, muchas variedades autóctonas se perdieron en la década de 1980. Entre las supervivientes, Telti-Kuruk es la más notable. Conocida desde el siglo XVI, crece en los suelos arenosos del sur de Ucrania; algunas vides de pie franco tienen alrededor de 50 años. Los vinos de esta variedad tienen una acidez pronunciada y un excelente potencial de envejecimiento. Los aromas incluyen flores, melocotón, hierba de limón y guayaba, mientras que las versiones de cosecha tardía muestran más notas de miel y membrillo.
Otros vinos destacados se elaboran con Odesa Black (un cruce de Cabernet Sauvignon × Alicante Bouschet), que produce vinos estructurados con potentes taninos y notas de frutas negras, chocolate y regaliz. En el siglo XX se utilizó principalmente en mezclas para potenciar el color debido a su alto contenido en antocianos. Sin embargo, gracias una elaboración cuidadosa, la uva está demostrando buen potencial y un carácter distintivo. Otro cruce, Sukholymanskyi (Chardonnay× Plavai), es de un estilo floral y fresco. Funciona muy bien para hacer vinos blancos con contacto de pieles. El hibrido Citron Magaracha resistente a las heladas, creado en la década de 1970 por Pavlo Holodryha, ofrece un paladar redondo con notas de naranja, lima y fruta tropical.
Cambio climatico y sostenibilidad
En los últimos 30 años, la temperatura media de Ucrania ha aumentado 1,5 °C. En el sur, las uvas acumulan azúcar antes, y en ocasiones las fechas de vendimia se anticipan en 40-45 días. Por el contrario, este cambio ha permitido que la viticultura se expanda a las regiones del norte y central, como Kiev y Zhytomyr, donde se han abierto muchas nuevas bodegas.
Muchos productores se están centrando en las variedades PIWI para apoyar la viticultura sostenible con un uso reducido de pesticidas. Mientras que los híbridos europeos como Muscaris, Souvignier Gris, Jupiter y Solaris se cultivan con éxito, hay un creciente interés en los PIWI locales como Aromatnyi, Zahrei, Iskorka y Muscat Odeskyi, que muestran resistencia a las heladas y enfermedades como el mildiú y el oidio.
El enfoque en las variedades resistentes contribuye al crecimiento del sector del vino natural, orgánico y biodinámico. Sin embargo, obtener la certificación se ha vuelto significativamente más difícil. Debido a la guerra, las visitas de inspección a viñedos y bodegas a menudo son imposibles.
En la región de Kiev, la bodega Biologist mantiene un viñedo biodinámico y trabaja con uvas certificadas orgánicamente. Muchos productores dependen de las levaduras silvestres y minimizan la intervención durante la elaboración del vino, produciendo vinos sin filtrar y utilizando solo pequeñas cantidades de dióxido de azufre.
Viñedos orgánicos en Odesa
Los enólogos también están desarrollando sus propios enfoques con las variedades de uva locales. En la Bodega Demidi en la región de Kiev, el vino insignia se elabora a partir de la variedad PIWI Krasen, utilizando uvas parcialmente secas en una cámara especializada a 28-30°C para lograr la concentración deseada de aroma y sabor.
En Zakarpattia, Chateau Chizay es pionero en la producción de «residuo cero» con una línea de cosméticos derivados del aceite de semilla de uva de la finca. Este proyecto circular hace hincapié en la trazabilidad total, asegurando que cada etapa, desde el cultivo hasta el procesamiento primario, ocurra dentro de un único ciclo de producción controlado.
Los vinos envejecidos en ánforas, qvevri y huevos de hormigón se ha generalizado. Además, muchos productores están utilizando barriles de roble Volyn fabricados localmente con tapas de acacia, ahora exportados con éxito a Francia, Italia, España y Estados Unidos.
En el segmento de «sin y bajo en alcohol» también está creciendo, así el productor Eduard Horodetskyi señala que los vinos desalcoholizados representan alrededor del 20% de sus ventas totales.
Situación actual y perspectivas de futuro
En 2018, Ucrania se posicionó entre los veinte mejores productores de vino del mundo (Informe estadístico de la OIV sobre la vitivinicultura mundial 2019). La guerra ha reducido los volúmenes de exportación en más de cuatro veces, pero también ha animado a la industria a buscar nuevos mercados. «Hoy en día, alrededor de 20 bodegas exportan a más de 27 países, con 12 bodegas representadas solo en el Reino Unido», dice Svitlana Tsybak, presidenta de la Asociación Ucraniana de Enólogos Artesanales.
A pesar de todos los desafíos, la industria sigue avanzando. En los últimos años, se han abierto alrededor de ochenta bodegas a pequeña escala. «La nueva ola de elaboradores de vino a menudo comenzó con uvas compradas o viñedos alquilados», dice Yanchenko. «Ahora los productores tienen como objetivo ser dueños de sus viñedos y controlar la calidad de la A a la Z. Muchos están invirtiendo fuertemente en la selección de ubicaciones y estudios de suelos».
Aunque el turismo internacional del vino es actualmente limitado, el turismo nacional está creciendo rápidamente. Solo en la bodega Demidi, más de 700 visitantes asistieron a degustaciones y recorridos por el vino en 2025.
La industria también está experimentando una reforma interna. A principios de 2026, entró en vigor una nueva ley, alejándose de un sistema regulatorio de modelo postsoviético, hacia principios europeos modernos más centrados en la trazabilidad y en el control a nivel de viñedo.
Ucrania está reclamando su pasado mientras da forma con confianza a su presente. ¿Qué hay del futuro?
«El mayor logro durante los años de guerra es que, a pesar de todo, nosotros y otros productores seguimos trabajando y creando vinos de alta calidad», dice el equipo de Demidi. Es difícil comprender su perseverancia, sin embargo, tal vez sea este el único camino posible cuando el objetivo es la libertad para elaborar su propio vino en su propia tierra.»
La autora desea agradecer a Anna Eugenia Yanchenko y a los enólogos ucranianos por su ayuda en la preparación de este artículo.
Traducción y adaptación de Artean Drinks a partir del artículo publicado originariamente en WSET Global y elaborado por Natalia Pasichnyk, periodista centrada en la cultura del vino y anterior editora de ELLE Ucrania.
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.