Cuatro regiones vinícolas que deberías explorar

Si eres un amante del vino, es difícil resistirse a la experiencia de abrir y degustar una botella en su lugar de origen. Recorrer los viñedos donde se cultivan las uvas, ver el proceso de elaboración del vino en acción y conocer a las personas que están detrás de este oficio hacen que lo que hay dentro de la copa cobre vida.

Destinos vinícolas de fama mundial como Burdeos, Napa Valley, Toscana y Champagne atraen cada año a legiones de sedientos viajeros deseosos de ver, aprender y (por supuesto) degustar. Pero más allá de estos lugares tan conocidos, hay muchas otras regiones vinícolas que merece la pena explorar.

Tanto si te interesan las variedades de uva menos conocidas, estilos diferentes de elaboración del vino, los terruños vinícolas únicos o simplemente te apetece descubrir joyas ocultas del vino difíciles de encontrar en tu país, las siguientes regiones vinícolas son excelentes opciones para añadir a su lista de visitas obligadas.

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Valle de Okanagan, Canadá

Si hablamos de destinos vinícolas infravalorados, Canadá ocupa un lugar destacado. Mientras que muchos viajeros conocerán la península del Niágara, en Ontario, famosa por su producción de vino de hielo, el valle de Okanagan, en la Columbia Británica, sigue siendo relativamente desconocido, a pesar de albergar más de 200 bodegas y 10.000 hectáreas de viñedos. ¿Por qué? La combinación de pequeños productores y una demanda local desorbitada hace que pocas botellas salgan de sus fronteras nacionales.

El espectacular y excepcionalmente hermoso valle de Okanagan, que se extiende 250 km de norte a sur por las laderas del vasto lago Okanagan, presenta diversos tipos de suelo y condiciones climáticas. En este corredor seco y caluroso, las temperaturas diurnas pueden alcanzar los 40 grados pero las noches son frescas, lo que permite madurar tintos de Syrah y Cabernet Sauvignon y mantener una acidez refrescante de blancos hechos con Riesling y Pinot Gris. De hecho, aquí prosperan más de 60 variedades de uva, algo muy interesante para los viticultores experimentales de la región.

¿Y la experiencia enoturística? Es refinada pero relajada. Las impresionantes bodegas cuentan con restaurantes, bares de degustación y tiendas, a menudo con vistas al lago. Las catas son asequibles y a menudo gratuitas si se compran una o dos botellas, algo que casi seguro querrás hacer, ya que probablemente no encontrarás estos vinos en ningún otro sitio.

Consejo viajero: el verano puede ser abrasador, así que intenta visitarla en septiembre o principios de octubre. Los días siguen siendo agradables y junto a los vinos, se pueden degustar una gran variedad de frutas también del Valle de Okanagan, sobre todo ciruelas y manzanas.

Kakheti, Georgia

A pesar de ser generalmente reconocida como la cuna del vino hace unos 8.000 años, las regiones vitivinícolas de Georgia siguen sin ser descubiertas ni por los amantes del vino ni por los viajeros. Durante la era soviética, la producción de vino a granel supuso una merma de la calidad, y sólo en los últimos años los productores han redescubierto antiguas variedades de uva y recuperado métodos tradicionales de vinificación.

Apodada la «Pequeña Toscana», Kakheti se encuentra a sólo dos horas de Tiflis, la capital georgiana, en el extremo oriental del país, y produce alrededor del 70% del vino nacional. Los románticos paisajes ondulados presentan suelos arenosos y arcillo-calcáreos únicos, ricos en hierro, que permiten brillar a variedades locales como la Saperavi tinta y la Rkatsiteli blanca (y a otras internacionales como la Cabernet Sauvignon).

Para los “winelovers”, una visita a Kakheti ofrece también la oportunidad de observar en directo antiguas técnicas de vinificación. La zona es conocida por sus ánforas quevri -grandes vasijas de barro utilizadas para la fermentación y el envejecimiento-, que confieren a los vinos características terrosas o minerales. Las uvas blancas procesadas con quevri suelen dar lugar a vinos de color naranja o ámbar, ya que el zumo y los hollejos se dejan macerar durante largos periodos de tiempo.

Consejo viajero: Además del vino, Kakheti es conocida por su abundancia de antiguos monasterios. Una de las visitas obligadas es el de Alaverdi, que data del siglo XI. Y adivina…? El puñado de monjes que vive aquí elabora su propio vino.

Viñedos de Hemel-en-Aarde

Hemel-en-Aarde, Sudáfrica

Si piensas en Sudáfrica, lo más probable es que se te venga a la cabeza el soleado Stellenbosch, donde el Cabernet Sauvignon madura a la perfección junto a escarpados picos montañosos y blancas granjas holandesas de Ciudad del Cabo. Pero si la región emblemática del país es la versión sudafricana de Burdeos, Hemel-en-Aarde, que significa «Cielo y Tierra».

Con su clima fresco, Hemel-en-Aarde produce elegantes Chardonnay y Pinot Noir, uvas que prosperan en los antiguos suelos de pizarra arcillosa de Bokkeveld, granito descompuesto y arenisca de Table Mountain. Si a esto se añaden los vientos marítimos del océano, la biodiversidad de los paisajes de fynbos (el matorral autóctono de la costa) y una cadena montañosa cercana, se obtiene un terruño distinto con condiciones de maduración lenta que dan lugar a vinos llenos de matices.

Para los visitantes, Hemel-en-Aarde es también un soplo de aire fresco más allá de las rutas más trilladas del turismo enológico sudafricano. Protegida de las influencias urbanas como Ciudad del Cabo, su mezcla de naturaleza virgen y fotogénicas tierras de cultivo de vino hacen que recorrer sus 20 pequeñas bodegas familiares sea una experiencia relajada. Y también deliciosa: Hermanus, la ciudad local, fue nombrada primera Ciudad de la Gastronomía de África por la UNESCO por su abundancia de fabulosos y variados restaurantes.

Consejo viajero: además del vino y la gastronomía, Hermanus es famosa por el avistamiento de ballenas. Visítala entre julio y noviembre para ver ballenas francas australes chapoteando en las aguas de la bahía de Walker.

Saint-Mont, Francia

La pequeña Saint-Mont, al oeste de Toulouse, en el departamento de Gers, presume de albergar algunas de las viñas vivas más antiguas de Europa. Aunque la mayor parte de los viñedos franceses fueron arrasados por la epidemia de filoxera a finales del siglo XIX, los suelos arenosos de la región impidieron que arraigaran las destructivas plagas de insectos.

Visita hoy la AOC y verás espesas y nudosas viñas del siglo XIX, y variedades de uva tan raras que, en algunos casos, los agricultores ni siquiera están seguros de su verdadera identidad. Las uvas locales Petit Manseng, Gros Manseng y Corbú, dentro de la denominación de vino Pacherenc du Vic-Bilh, constituyen la mayor parte de la producción blanca. Los tintos suelen elaborarse con Tannat, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc.

Saint-Mont, una zona acogedora y familiar, que ofrece a los viajeros una experiencia enoturística cálida y acogedora, y la oportunidad de conocer a pequeños viticultores y de degustar vinos asequibles que destacan por su valor. En estos paisajes esculpidos por el río, a los pies de los Pirineos, la vendimia es manual y los métodos ecológicos y sostenibles son habituales.

Y por si esto fuera poco, los amantes de la buena mesa también podrán disfrutar de la sabrosa cocina gascona, protagonizada en gran parte por el pato y el cerdo de la zona.

Consejo viajero: haz coincidir tu visita con la fiesta anual de los viñedos, el último fin de semana de marzo, en la que todo el pueblo de Saint-Mont celebra el acontecimiento.

Canelones, Uruguay

Aquí encontrarás una propuesta de vinos fuera de lo común, al menos por ahora. Mientras que Mendoza, en Argentina, es un nombre familiar, la mayor región vinícola de Uruguay no ha tenido la misma atención, a pesar de su gran calidad. El reducido número de viñedos y el fuerte mercado local hacen que, para degustar lo mejor de sus botellas, haya que visitarla en persona.

Canelones es la tierra del Tannat, una uva tinta de piel gruesa y rica en antioxidantes originaria del Madiran francés. La proximidad del Océano Atlántico y sus refrescantes brisas moderan las temperaturas y alargan la temporada de cultivo, lo que permite producir una amplia variedad de estilos, desde los más corpulentos y tánicos hasta los más ligeros y afrutados (a veces incluso con maceración carbónica). Un terreno variado y montañoso, con suelos que van de la arcilla al granito rosa de 600 millones de años de antigüedad, favorece esta diversidad y permite que prosperen otras variedades de uva, como la Sauvignon Blanc y la Albariño.

Una de las alegrías para los viajeros que deseen explorar alguna de las 180 bodegas de Canelones es la proximidad de la región a Montevideo, la capital uruguaya. Con menos de 50 km de distancia entre ellas, se pueden pasar las mañanas recorriendo la arquitectura art déco de la ciudad y las tardes tomando el sol en la terraza de una bodega. Y, por la noche, volver a tiempo para disfrutar de la floreciente escena artística y teatral de Montevideo.

Consejo viajero: no olvides meter el bañador en la maleta. Además de ser un destino vinícola que merece la pena, Canelones cuenta con hermosas playas de arena blanca a lo largo de los 45 km de Costa de Oro.

By Alicia Miller, galardonada escritora de viajes y AITOs Travel Writer of the Year 2022, publicado inicialmente en WSET Global´s website, traducido y adaptado por Artean Drinks.

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